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Historia de D.A.E.C.P.U. – Por Isabelino Larraz Adamo (año 2002) - 1974 – 1985 – 11 AÑOS DE SILENCIO Y OSCURIDAD

Todos sabemos que fue un período nefasto para el País, con prácticamente todas las libertades conculcadas y particularmente la libertad de expresión.- En ese sentido, el Carnaval, expresión máxima de la cultura popular iba a recibir, como es obvio, un severísimo control.

Decenas de detenciones de compañeros diezmaron los planteles de los conjuntos; las proscripciones de directivos y directores obligaron a constituir sucesivas Directivas de emergencia.

Se nos privó hasta del nombre; se nos derogaron los Estatutos y pasamos a llamarnos AUDICA nombre que ninguno de nosotros, aún hoy, quisiera pronunciar; se clausuró nuestra Sede Social y se nos suspendió la Personería Jurídica.

Se nos hurtó todo el archivo documental y fonográfico, en una pérdida que aún hoy no hemos podido reponer y que demandará el esfuerzo de una numerosa sub-comisión de trabajo para que el Carnaval y toda nuestra Cultura no pierdan la memoria de lo mejor de nuestra historia.

No queremos ejemplificar sobre qué compañeros o cuales títulos sufrieron la mayor saña del oprobioso régimen- Pero no podemos menos que mencionar a Jaime Muñoz y Antonio Iglesias que padecieron años de prisión o a La Soberana o Las Ranas sobre quienes en aquella época la persecución militar parecía una obsesión. Sí queremos destacar que, entre semejante “desastre”, el temple de algunos compañeros permitió mantener cierto grado de organización y la Fiesta continuó merced a cierta incidencia de los directores.- “Tito Pastrana, Juan Angel Silva y “Pocholo” Bodola, fundamentalmente, fueron los principales artífices que lograron mantenernos unidos, así como quien fuera nuestro Gerente administrativo –don Américo Cal- quien pese a ser un jubilado policial no se salvó de la prepotencia de un régimen que literalmente “le pasó por arriba”.- Cerca de ellos nos manteníamos, aportando lo que podíamos, quien suscribe, el Hugo Arturaola, Madera, Frost, “Tucho” Orta, Sansone, Enrique Espert, Tomas Cortés y muchos más. Habíamos perdido la identidad, pero no la unidad.

Del Concurso Oficial, destacamos el estricto control de las letras por la Comisión de Control (verdadera Comisión de Censura), y las interminables gestiones que realizábamos para lograr alguna flexibilidad y evitarle a los conjuntos los imaginables grandes perjuicios al tener que modificar textos enteros a última hora. En este Carnaval “tutelado” era evidente que los directores y actores, pero fundamentalmente los letristas, debían recurrir al máximo de su ingenio, para poder decir aquello que tenían concebido evitando la censura de la Comisión de Control y de los tantos representantes del Ministerio del Interior que tenían incidencia en los distintas áreas del Carnaval (incluso en el Jurado mismo).- En ese sentido, también sin pretender hacer menciones “especiales”, queremos recordar a LOS GABY’S y su “Juan Salvador Gaviota”, un canto a la libertad que “se coló” entre la censura y luego le costara al “Tucho” el peso de la represión. Hubo, obviamente, infinidad de otros ejemplos que superan la extensión y el propósito de este Informe. No todo fueron “pálidas” para el Carnaval en este período.- La expectativa que fue generando el plebiscito del ’80, originó una gran corriente popular que tuvo una gran influencia en nuestra Fiesta.- Grandes títulos vinculados a una temática protestaría, como LA REINA DE LA TEJA y FALTA Y RESTO, se constituyeron en verdaderos fenómenos populares, tan grandes como ARACA o DIABLOS VERDES y arrastraban multitudes tanto como una década antes LA SOBERANA, compitiendo (fraternalmente hablando) con las grandes Murgas de La Unión: LOS SALTIMBANQUIS, DON TIMOTEO, LA NUEVA MILONGA...

MOMOLANDIA o LOS SANDROS, fueron también títulos que, por sus temáticas sociales, alcanzaron un gran arraigo popular, sin olvidarnos de la genial capacidad de humor de LA ESCUELITA DEL CRIMEN que se la ingenió siempre para burlar la censura.

La aparición de LOS JOKER’S en 1979 –también con su particular humor que no ignoró nunca lo social ; en el Parodismo de ADAMS o LOS WALKER’S (que con GABY’S y LOS KLAPER’S conformaron una categoría de altísimo nivel de competencia), la Revista URUGUAY SHOW, las Murgas LA BOHEMIA (del inolvidable “Pocho Gallina” –Julio Gómez, con el “Peladito” Díaz e Ismael Barzabal y más tarde el aporte del “Pato” Torena) y LOS PIERROTS (de “Tatín” Rodríguez), entre otros grandes títulos, nos demuestran que pese a la Dictadura el Carnaval no paró nunca de brindarle a su pueblo espectáculos maravillosos. La caída inminente del régimen militar nos fue devolviendo entre 1983-84 algunas conquistas: Vuelve el Reglamento municipal a establecer fallos por rubros.- Se eliminan los Jurados deliberantes; se restablecen los Premios por puntaje.- Se respeta el veredicto de las urnas. Los Jurados deliberantes, si bien estuvieron integrados muchas veces por figuras relevantes de la cultura nacional (incluso a veces por connotados carnavaleros, como el propio Ramón Collazo), nunca funcionaron correctamente.- Muchos integrantes renunciaban cuando “sentían” la presión de una competencia tan pasional y a la que debían afrontar inmersos en pautas muy rígidas, cuando no presididos por un militar con todo el “peso” de su formación castrense y el saberse respaldado por el régimen. Pero de todo el período del régimen militar, el más grande logro que alcanzáramos fue al comienzo mismo de esa nefasta etapa, en 1974:

LA ADMINISTRACIÓN DEL CONCURSO OFICIAL DE AGRUPACIONES.

Como es sabido, desde siempre lo había organizado y administrado la Intendencia Municipal de Montevideo a través de la Comisión Municipal de Fiestas.- Por ese entonces la CMDF disponía de escasísimos rubros.- El panorama era pésimo.- Los Premios, que eran tan bajos que podíamos calificarlos de ridículos, y que para colmo se cobraban casi 6 meses después del Carnaval, ese año ni siquiera podían pagarse.- El Intendente Rachetti nos planteó la posibilidad de que nos hiciéramos cargo del Concurso.- “Con temor, luego de histórica Asamblea, de reñidísima votación, se aceptó el desafío y nos hicimos cargo del Concurso”. No teníamos idea de la complejidad y el volumen de problemas y de dinero que implicaba.- Pero los carnavaleros demostramos que cuando nos proponemos algo, somos capaces de hacerlo” (de la Revista del Carnaval-DAECPU-1995). Ya ese mismo año los Premios duplicaron los del año anterior y se pagaron pocos días después de finalizado el Concurso. Habíamos alcanzado 2 metas que cambiarían DAECPU para siempre: -Administrar los recursos que nosotros mismos generábamos y -demostrarnos que somos capaces de formar una eficiente estructura de carácter empresarial sin perder nuestra bohemia y nuestro lirismo.

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